Y vino el lobo: viviendo en el cambio de paradigma

Incendios forestales y temperaturas elevadas a causa de olas de calor cada vez más frecuentes y continuadas han popularizado, estas últimas semanas, un mensaje muy compartido en redes sociales: “This Is The Coldest Summer Of The Rest of Your Life”. ¿Esto es cierto?, ¿van a ser los próximos veranos aún más calurosos que este?

La respuesta, en principio y en términos generales es que Sí. En nuestra historia reciente, cada década está siendo inequívocamente más cálida que la que la precede y es muy probable que en años venideros se sigan batiendo récords de calor. Los últimos siete años han sido los más calurosos jamás registrados en el planeta.

Hemos normalizado preguntarnos qué día se alcanzarán los 40-45ºC, pero no sobre el porqué de esta normalización. Llamamos paradigma a aquel modelo, patrón o ejemplo a seguir en determinada situación. En su interpretación más social se puede definir como el conjunto de estereotipos que prevalecen en la conducta de nuestra sociedad y que forman la visión sobre la manera como vemos o entendemos el entorno en el que vivimos.

De la misma manera, cuando como sociedad nos enfrentamos a un cambio de paradigma nos enfrentamos a un cambio en los supuestos básicos con los que comprendemos nuestra manera de vivir.  Y en este sentido, estamos viviendo en tiempo real un cambio de paradigma. El tablero de juego es el mismo (y el único) pero con nuevas reglas y jugadores: cambio climático, pérdida de patrimonio natural y biodiversidad, escasez de recursos naturales, crisis humanitarias, crisis del agua, impactos en salud humana, crisis modelo energético, pandemia…

The boy who cried wolf

Independientemente del valor que se le quiera dar a la veracidad o no de la existencia de un cambio global vertebrado por un cambio climático, desde ámbitos científicos, primero, y políticos, después, el discurso de que el mundo se enfrenta a una crisis económica, social y ambiental sin precedentes no puede sonarnos a nuevo.

Hace mucho tiempo que oímos gritar que viene el lobo… y quizá ha sido durante este primer semestre de 2022 que nos hemos dado cuenta de que el lobo ya estaba tumbado en nuestro recibidor.  Como si se tratara de una tormenta perfecta, en este 2022, el incremento desmedido del coste de la energía, los efectos de una guerra inexplicable en la Europa actual y el paso hacia delante que ha hecho el cambio climático, manifestándose sin ya ningún pudor, han creado la desafortunada coincidencia espaciotemporal de efectos devastadores que nos está tocando vivir.

En épocas de crisis, las problemáticas sociales siempre se han priorizado a las ambientales, sin comprender que ambas son piezas claves y vinculadas entre ellas en cualquier crisis. Quizá el propio origen y gestión de la COVID-19 nos haya hecho reflexionar y darnos cuenta de que la Sostenibilidad de nuestra sociedad y de nuestro planeta se mantiene sobre tres pilares: Social, Ambiental y Económico, imprescindibles e interrelacionados.

Sin tregua pues, parece que una vez superada la situación provocada por la COVID-19, ponemos ahora el foco en la emergencia climática y constatamos que cuando los tres pilares de la sostenibilidad están desajustados provocan situaciones que nos afectan directamente. Sí, ahora el clima está en el centro de la opinión pública y finalmente parece que nos es fácil establecer el causa-efecto de un verano dantesco y un otoño que no se avista mucho más cómodo con la falta de lluvia, con la inflación de precios y falta de recursos básicos debidos al conflicto bélico en Ucrania. Un desequilibrio social, económico y ambiental de manual.

Toca actuar

Las evidencias son flagrantes, estamos viviendo el cambio climático, ya no es cuestión de evitarlo, toca adaptarse a él, porque también han cambiado los mensajes. En 2013 el Secretario General de Naciones Unidas, Ban Ki-moon hablaba frente al G-20 sobre el desarrollo sostenible indicando que era el camino hacia el futuro que queríamos para todos, ya que ofrecía un marco para generar crecimiento económico, lograr justicia social, ejercer la custodia ambiental y fortalecer la gobernanza.

Ahora en 2022, solo 9 años más tarde, y en un escenario similar, el actual Secretario de Naciones Unidas, António Guterres, reunido hace un par de semanas con ministros de 40 países para discutir la crisis climática informaba que la mitad de la humanidad está en zona de peligro por inundaciones, sequías, tormentas extremas e incendios forestales, y que, aunque ninguna nación es inmune, seguimos alimentando nuestra adicción a los combustibles fósiles. Su mensaje final fue directo y sin otra interpretación posible: “Tenemos que elegir. Acción colectiva o suicidio colectivo. Está en nuestras manos”.

Sí, hace falta actuar y disponemos de una ventaja, conocemos el problema y sabemos las soluciones. Ya no podemos continuar predicando en el desierto y esperar que alguien tome medias por nosotros.

Tecnología e Innovación

La tecnología probablemente nos salvará. En consonancia con las ideas clave del último informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) la tecnología tendrá un papel fundamental para permitirnos reconducir la situación. La velocidad de desarrollo de ciertos sectores como los vehículos eléctricos y las energías renovables es esperanzadora, también la aceleración de servicios digitales que sustituirán a alternativas menos sostenibles y de mayor impacto sobre las emisiones de gases efecto invernadero.

Hay ya algunas soluciones que desde la sociedad podemos adoptar y aplicar y que no son tecnológicas, podemos valorar si tenemos que volar con la frecuencia con la que nos habíamos acostumbrado a volar, podemos contemplar ahorrar de agua y energía, priorizar el transporte público o reducir consumo de productos cárnicos. Todas estas iniciativas suman y debemos actuar.

Brotes verdes

Para superar los retos derivados del Cambio Climático y la degradación del medio ambiente la Unión Europea ha establecido el Green Deal, la estrategia europea que transformará la UE en una economía eficiente en el uso de los recursos, competitiva e inclusiva y  que se basa en hacer tres supuestos: que Europa sea climáticamente neutra en 2050, que el crecimiento económico esté desvinculado del uso de recursos e impulsado a través de tecnología verde y que los retos climáticos y medioambientales se conviertan en oportunidades.  

La actuación que se plantea implica innovación y desarrollo de tecnología y la creación de normativas legales que impongan ahorro energético y/o reducción de las emisiones de gases efecto invernadero, así como, la promoción de cualquier otra actividad destinada a cambiar la actitud de la sociedad hacia la aceptación de estas soluciones tecnológicas y normas legales; a menudo más caras, pero más respetuosas con el medio ambiente.

¿Estamos a tiempo?

En el pasado hemos conseguido logros importantes en lo que se refiere a solucionar problemas globales. En 1989 entró en vigor el Protocolo de Montreal, destinado a proteger la capa de ozono. Fue el primer tratado internacional que abordó un reto de una regulación medioambiental global y adoptó el “principio de precaución”” en su diseño para elaborar políticas de actuación basadas en la ciencia.

Funcionó. El mundo ha conseguido eliminar el 98% de las conocidas como Substancias Agotadoras de la Capa de Ozono contenidas en cerca de 100 productos químicos peligrosos. En ese momento el conseguir ese consenso mundial demostró el compromiso del mundo con la protección del ozono y en general con la protección del medio ambiente.

Actualmente hay un acuerdo adoptado por todos los Estados miembros de Naciones Unidas, la conocida como Agenda 2030, que ofrece un plan compartido para la paz y la prosperidad de las personas y el planeta, ahora y en el futuro. Su núcleo son los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), que constituyen una llamada urgente a la acción de todos los países -desarrollados y en desarrollo- en una alianza mundial.

Reconocen que acabar con la pobreza y otras privaciones debe ir de la mano de estrategias que mejoren la salud y la educación, reduzcan la desigualdad y estimulen el crecimiento económico, al tiempo que se aborde el cambio climático y se trabaje para preservar nuestros océanos y bosques. Cierto es que el propio Secretario General de Naciones Unidas decía en 2019 que los esfuerzos realizados hasta la fecha habían sido insuficientes par lograr el cambio que se necesitaba y comprometiendo la promesa de la Agenda 2030.

Se sabe la solución, pero los tempos que se plantean hasta ahora no han sido los óptimos, ¿será 2022 y la prevista recesión económica vinculada lo que marcará el punto de inflexión que permita actuar y aplicar soluciones de forma más rápida y efectiva?

Y volviendo a la pregunta que abría este articulo: países, empresas, entidades, ciudadanía… todos deberíamos actuar como si, en efecto, este fuera el verano más frío que vamos a vivir.

Artículo escrito por Manel Gazo, Sustainability Manager en Esade Creapolis y Doctor en Ciencias Biológicas, especializado en impactos antropogénicos en el medio ambiente.